3/25/2021

El mundo que habitas

Mi experiencia es tan vasta como las palabras lo permiten. A través de ellas construyo, bloque a bloque, pieza a pieza la estructura que le da sentido a mi experiencia.

Como un juego de construcción, vamos armando diferentes escenarios. Los apilamos y reorganizamos miles de veces para formar cosas distintas. Me gusta pensar que de mamera similar funciona nuestro lenguaje, cada bloque corresponde a una palabra y jugueteamos con ellas para hacer y deshacer nuestro mundo, pero tal como pasa en el juego, nuestra posibilidad de creación está limitada por el número de bloques que poseemos y muchas veces llegamos a creer, erróneamente, que los que tenemos y conocemos son los únicos que existen. Qué equivocada estaba.

No podemos "vivir" aquello que no tiene nombre, todo eso que aún no lleva un título permanece como un misterio oculto por descubrir, hasta que lo exploramos.

Sí, porque el lenguaje no solo se diferencia de país a país, continente a continente o cultura a cultura. En cada área del conocimiento, en cada vecindario, en cada grupo de pares, en cada profesión, oficio o hobbie, existen miles de mundos diferentes. Todos ellos conocen una versión de la realidad distinta, filtrada por la cantidad de palabras que dan forma a su campo, a su forma de pensar y adentrarnos a conocerles nos da la oportunidad de crear una nueva realidad.

Porque, retomando la analogía de los bloques, sería hilarante pensar que nuestra bolsa de bloques es la única que existe en todo el planeta, y aún más gracioso limitarnos a pensar que no podemos tomar de otras bolsas para mezclar e intentar combinaciones diferentes, jugar a inventar realidades inimaginables.

Y para mí, no fue hasta el momento en que noté esta analogía, que reparé en el hecho de que mi punto de vista sobre el mundo era muy reducido porque tenía algunos filtros que lo limitaban, aquellos factores que me fueron otorgados por el género, la edad, mi crianza y la cultura donde crecí, así como aquellos que yo había elegido, como mi circulo de amigos, mi profesión, los libros que leo, la música que escucho y toda la información que inconscientemente elijo consumir.

Cuando nos damos cuenta de esto, es imposible no desear ver qué hay más allá, de qué otras maneras, qué otros matices, qué me estoy perdiendo de la vida al no saberlo. Qué otros bloques, con sus formas, colores, texturas y carácteristicas únicas desconozco.

Debo confesar que durante los últimos años me sentí un tanto perdida, la experiencia del lenguaje es algo que se vive desde la mente y el inconsciente, y no le da mucha cabida al cuerpo. Cuando de pronto mi cuerpo ya no pudo más y reclamó atención, la situación misma me llevó a conocer un parte del mundo que jamás habría imaginado que existía y a dónde curiosamente sentí que pertenecía, la psicología.

A través del lenguaje y con las palabras correctas, construí un nuevo "lugar" donde mi cuerpo se sentía a salvo, donde todas las sensaciones, emociones y formas de reaccionar tenían nombre. Un espacio donde descubrí que no era algo que solo yo sentía, sino que había todo un colectivo en la misma sintonía.

Así que la próxima ves que te sientas perdido, probablemente sea porque lo estás; tal vez te encuentres como yo, habitando una versión del mundo a la que no perteneces más. O en otras palabras, tal vez estás aún tratando de hacer sentido a las piezas de tu set de bloques cuando ya no pertenecen a la etapa que estás viviendo, tal vez ya creciste (evolucionaste en tu proceso) y ese set simplemente no te sirve más.

Seguramente tu mente se quedó congelada en medio de lo desconocido y al no tener respuestas, y sentirse amenazada y en peligro, te ha orillado a seguir en piloto automático, desconectado de tus sensaciones para que así encajen sus explicaciones.

Pero, sabes? En este transitar de un mundo a otro, entendí que no porque el cerebro los desconozca significa que no existen. Aunque te haga dudarlo, aunque la explicación que te quiera dar es que tal vez te estás volviendo un poco loco, no le creas del todo. 

En su lugar, escucha un poco más a tu cuerpo, él siempre ha sabido lo que necesitas para sentirte mejor. Descansar un rato, tomar un baño, pasear al aire libre o correr descalzo. Deja la mente y habita tu cuerpo, una vez que estés ahí sabrás qué camino seguir.

¿La has notado? ¿Esa desconexión entre tu mente y tu cuerpo? ¿El sentirte extranjero en tus propios pensamientos? ¿El descubrirte ajeno en tu propio cuerpo? ¿Lo has sentido?

Las palabras crean la realidad que percibimos. Y todas aquellas que aún desconocemos son el equivalente a los mundos que aún están por ser descubiertos.

Tu "mundo" siempre será tan grande como las piezas de bloques que tengas te permitan crearlo. Por eso lee, escucha, escribe y aprendé sobre temas diversos y variados, para que amplies tu propia versión del mundo y en una de esas te encuentres con un nuevo set de bloques que te ayuden a crear ese mundo al cual tu mente y cuerpo pertenecen, por ahora 😉 ❤️


3/24/2021

Empieza hoy

Si ahorrará un peso por cada una de las veces que intenté hacer algo por primera vez y simplemente no lo hacía, tal vez ahora ya sería millonaria.

No, tal vez no, creo que exageré un poco. Pero el punto es claro, no fueron dos o tres sino cientos de miles de veces.

¿Te ha pasado? ¿Lo has notado?

No es sino hasta que prestamos atención plena, a lo que hacemos y dejamos de hacer, que las piezas de este rompecabezas llamado consciencia hacen sentido.

¿Qué nos lleva a desistir, a ni siquiera intentarlo? Creo que podemos llamarlo miedo, miedo al fracaso, miedo al rechazo, miedo a no ser suficientemente bueno, miedo a equivocarnos.

Y sí, a simple vista la respuesta es obvia, nuestro saboteador número uno es el miedo.

Pero, ya notaste que esa es su función, protegernos de peligros potentes y que la mente en su intento por salvaguardar nuestra integridad no hace más que enviar la alerta en respuesta al detonante.

Entonces, en lugar de huir del miedo, de fingir que no existe, de menospreciarlo, ignorarlo o bien culparlo por nuestros "fracasos", deberíamos sentarnos con él.

Tomarlo de la mano, invitarle a dar un paseo, charlar en un café. Preguntarle qué mensaje es tan urgente que no puede esperar, qué es tan importante que tuvo que hacerse presente justo cuando ya ibas por fin a empezar ese nuevo proyecto, cuando estabas a punto de iniciar algo nuevo, cuando estabas a nada de dar ese paso... ah, qué va!

Por qué habríamos de anticipar un fracaso, un rechazo o una equivocación, porque tenemos un punto de comparación. En nuestra mente siempre hay ese alguien que lo hace impecablemente, ese alguien que es mejor que nosotros, ese otro que es perfecto y que no se equivoca, y a su lado, parecemos lo peor.

Pero, ¿te cuento un secreto? 

Ven, acércate

Ese otro que vive en nuestra mente, solo vive ahí, yeii! 

Allá afuera en la realidad, solo hay personas como tú y como yo, que al igual sintieron miedo de empezar, de crear un camino distinto, pero cruzaron la línea, dieron el primer paso y no vieron mas atrás.

Así que empieza hoy, date el tiempo de recibir al miedo y conversar con él y entonces sí una vez que hiciste espacio, podrás dar cabida al optimismo, la ilusión y la pasión.

Porque aquello que habita en tu mente y corazón, detrás del miedo, merece nacer y crecer.

Así nace este espacio, así inicié hoy.

Sabiendo que no hay punto de comparación porque a pesar de las similitudes con otros, nuestras experiencias únicas de vida y la forma en que las percibimos hacen toda la diferencia.

Así que, empieza hoy :) porque nadie absolutamente nadie ha visto la vida como tú y por lo tanto, no hay punto de comparación ;)

¿Lo habías notado?


6/02/2020

Mi red de apoyo ❤️

Hace algunos ayeres, alguien me dijo algo que en su momento no tuvo mucho sentido...

"No vinimos a este mundo para estar solos"

A mis 20 años, aquella afirmación me causó gracia, cómo por qué me decía esto alguien que poco conoce de mí? Sí soy la persona más "social" que conozco.

Creo que en ese momento no comprendí lo que realmente me estaba tratando de decir, sino hasta hoy, que reflexiono en lo que hace poco pasó.

A pesar de ser una persona que ama estar con el otro, saber del otro, aprender del otro, reír y llorar con el otro, hubo una situación que me llevó a cerrar esas puertas. A ponerle pausa a las conexiones. 

Y por dos años, cual cangrejo, caminé hacía atrás e hice de mí misma mi guarida, mi refugio, mi soporte.

Era tal mi caos interno, que ya no quería lidiar con el otro, desahogarme implicaba escuchar consejos que no estaba lista para tomar, y dejar al otro hablar implicaba llenar mi cabeza con sus situaciones y sentir que "tenía que ayudar" cuando ya con lo que yo estaba viviendo era más que suficiente. 

Es decir, las conexiones me resultaban abrumadoras y desgastantes. Por ello, las puse en pausa y me alejé.

Y así, poco a poco, fui dejando de enviar los mensajes que siempre procuraba, fui dejando de asistir a eventos, fui dejando de responder llamadas... Ya no quería más, ya no podía más.

Dicha distancia cobró efecto y de la misma manera que yo me alejé, los demás también se alejaron de mí. O al menos así lo percibí.
Al punto que cuando me sentí sobrepasada en la situación y busqué a mi alrededor, sentí que ya no había nadie.

Y no porque no estuvieran, simplemente sentía que había una distancia enorme que yo misma había creado y me resultaba casi ridícula la idea de venir a "molestar" cuando por tanto tiempo yo les abandoné.

En ese momento, hace algunos meses, todo estalló. Al sentirme realmente sola, incapaz de contar con alguien y con la situación al borde del desastre... Me perdí. 

Y en ese día soleado, mientras sonreía a los demás, donde todo parecía tan perfecto... Mi mente salió de control y me llevó a un estado de ansiedad que, si bien ya reconocía, me fue casi imposible controlar.

De pronto de la nada, el todo se me vino encima y me sentía sola, incapaz de molestar a alguien... Porque nadie estaría para mí.

Para quien ha experimentado un ataque de ansiedad, sabe que la sensación de sufrimiento y dolor es tan real como si te estuvieran lastimando, y aunque generalmente dura entre 5 y 10 minutos, para quien lo está viviendo parecen horas...

Ese día, tuve tres momentos de pánico, en el primero los ejercicios de respiración y mi mantra me trajeron de vuelta, en medio de lágrimas y mucho dolor, me traje al presenté... Pero de pronto, un abrazo, las preguntas, el todo estará bien... Y mi mente traicionera me hicieron caer y un segundo ataque sucedió, esta vez más intenso, más doloroso y más difícil de controlar. Mi mente no paraba, ya no me dejaba respirar, todo lo que quería hacer era mantenerme en ese estado de alerta porque sentía que algo malo estaba apunto de pasar. El corazón latía más aprisa, mis ojos no paraban de llorar y de pronto todo dió vueltas y por un momento me sentí desmayar. 

En ese instante, tomé toda la fuerza de voluntad que pude porque no me podía permitir enfermar, mi salud, era en ese momento, y aún lo es, mi tesoro más grande y de ella y de pensar en mi familia y los que cuentan conmigo, me trajo de vuelta. Poco a poco fui ganando control, el corazón bajaba la velocidad, la respiración volvía a mí. Las lágrimas parecían dejar de salir. 

Me enjuague el rostro con agua fría al menos 10 veces antes de salir de aquel lugar donde me había resguardado. Una vez afuera, me acerqué a la ventana más cercana, aún temblando, aún mareada, comenzaba a tomar control de nuevo, todo parecía tan normal otra vez... Y de pronto...

Una voz, recuerdos, otra vez dolor... Una tercer y última crisis de ansiedad.

Ahí, ya sin fuerzas, ya con lágrimas nuevamente en los ojos y con nula voluntad de hacer algo por  mí, no tuve otra opción más que gritar ayuda.

Y así, fue que pedí llamar, con las pocas fuerzas que tenía, a quien mi corazón me indicó. No lo pensé, sentí peligro y lo primero que salió de mi boca fue su nombre.

Y así, ella me ayudó, y con su calma y su cariño, me apoyó a salir de ese trance que duró más de lo que me hubiera gustado vivir, más de lo que en este momento quisiera recordar. 

Y poco a poco, volví en mí. Después de llorar, después de volver a respirar, después  de caminar y sentir el aire fresco en mí. Pude hablar y descargar en ella, no solo aquello que en ese momento dolía, sino todo aquello que había estado doliendo y que no había querido o podido sanar.

Y después de tanto hablar, de tanto llorar, de mucho abrazar... El mundo no parecía tan peligroso y mis problemas no parecían tan imposibles y lo mejor, ya no me sentía tan sola.

Gracias a ese episodio, por doloroso que fue, abrí de nuevo los ojos y mi corazón hacía el mundo que me rodea, a las personas que están a mi alrededor, pude ver de nuevo que siempre habían estado ahí, que seguían ahí, con brazos abiertos y un corazón dispuesto no solo a escuchar sino a  ayudar también.

Entre lágrimas aquel día yo me decía... Estoy sola, no tengo una red de apoyo, solo me tengo a mí para salir de esto... No one is coming...

Que equivocada estaba, apenas empecé a hablar, me dí cuenta que ciertamente no tengo una red de apoyo, tengo un arsenal de gente hermosa que me ama y a pesar de mis errores, siguen ahí.

Algo bueno he de haber hecho en está vida porque ciertamente, en el momento más oscuro me mostró que no estoy sola. Y tú tampoco lo estás. 

Aún y cuando las situaciones parecen no tener final, aunque parezca que no hay solución, si estamos acompañandos, tarde o temprano pasarán.

No porque vayan a solucionar nuestros problemas, es nuestro deber y obligación hacerlo, sin embargo, saber que hay alguien ahí a tu lado, para escucharte, para darte aliento, para ofrecerte un abrazo, para darte ese empujón cuando ya no puedas más... Lo vale todo.

Gracias a cada uno de ustedes que ha estado ahí, gracias a ti que notaste la tristeza detrás de mi sonrisa, la angustia detrás de mi mirada y aún sin palabras, me abrazaste el alma.

La soledad es clave, pues es en ella que nos encontramos con quien realmente somos, pero no es sino en compañía que realmente trascendemos en esta vida.

Definitivamente, no vinimos a este mundo para estar solos. Y ya sé a qué se refería aquella mujer y su consejo... no se trata de físicamente, sino de emocionalmente solos. 

Aquí estoy, para ser tu soporte en este viaje emocional llamado vida, un abrazo, un silencio cómodo, mis oídos y todo mi corazón están para ti.