Hay una pequeña parte de mi vida que jamás conocerás.
Ese pedacito de mi ser que es tan íntimo y tan frágil que he
de protegerlo y atesorarlo a capa y espada porque es mío y de nadie más.
Con un aire de misterio y un poco más de discreción capturo
los momentos solo con mis ojos, los guardo solo en mi memoria, los presumo solo
en mi corazón.
Porque… ¿qué has de saber tú de lo mucho que me emociona? ¿Qué
has de sentir si apenas te importa?
No, jamás lo sabrás.
Existe esta hermosa parte de mi vida que no he de mostrar, pues lo resguardo con recelo ante ojos carroñeros.
Que los triunfos sean sigilosos y las derrotas aún más, pues
hay quien se alimenta de tus fracasos y de verte fallar. No todo aquel que se acerca es siempre buen amigo, ni
todo aquel que mantiene distancia se pronuncia enemigo.
Ay de aquellos bienintencionados que exponen a corazón abierto
su más preciada posesión pues cegados en emoción la dejan a merced de oportunistas
malintencionados que sin pensarlo aprovechan la ocasión.
Existe ese pedacito de mí que no hallarás en un aparador,
que no encontrarás exhibido cual trofeo, ni mucho menos expuesto a grito
abierto.
No, no lo busques ahí. No lo encontrarás.
¿Aún quieres conocerlo, te interesa descrubirlo?
Te invito un café, vayamos a conversar.
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