3/28/2021

¿Ya te viste? ¡Eres real!

Hace días escuchaba un episodio de mi podcast favorito, 99% con Mía Astral, y ella contaba una anécdota para ejemplificar la necesidad del ser humano de ser visto.

Narraba, en pocas palabras, el asombro de una pequeña al saberse vista por un adulto cuando éste válido sus deseos, y así ella exclamaba con gran alegría "soy real, soy real".

No es de sorprenderse que la mayor parte de nuestras vidas nos pasemos buscando e intentando de una y mil formas ser vistos por los demás, cuando en nuestra infancia alguna desafortunada experiencia nos hizo creer que éramos invisibles a ojos de quienes más amabamos.

Y pareciera que hoy en día, la vida actual con sus redes sociales, tendencias virales y "comunicación instantánea" hubiesen llegado a resolver por completo dicha carencia, ya que la oportunidad de ser vistos está al alcance de un click y en cuestión de segundos.

Sin embargo, ¿has notado la dinámica de esta nueva visibilidad virtual? 

El tener que hacer algo o estar "presente" todo el tiempo para ser "visto"; cada foto, cada estado, cada meme, cada canción, check-in o live compartido, todo para lograr la finalidad de ser vistos.

Y no es que esto tenga algo de malo por si solo, de hecho es por naturaleza misma que llevamos adherido en nuestro adn la primordial necesidad de ser vistos, de saber que el otro nos reconoce y en esa interacción nos refuerce el sentido de pertenencia a un grupo y por ende se incremente nuestra sensación de seguridad.

Sin embargo, si esta modalidad presume conexión 24/7, ¿por qué al final del día nos sentimos tan desconectados?

Y es que cuando dejamos que este medio sea el único de referencia para nuestro "existir", condicionamos nuestro propio valor (que jamás podría ser medido) y lo reducimos a simples números: likes, vistos, reacciones, comentarios y demás interacciones. Esto puede parecer inofensivo y sin importancia, hasta que ocurre lo contrario a lo que se busca.

Cuando esa respuesta que esperamos nunca llega y esa necesidad de ser vistos no se satisface, la mente puede llevarnos a un estado interno de completa soledad.

Nuestra mente, en su intento por protegernos interpretará esa no respuesta como indicio de desconexión y nos pondrá en alerta: no interacción= estoy solo= estoy en peligro. 

Y a pesar de que la idea de peligro se pueda percibir como una amenaza a primera vista, si le cedemos nuestra atención se puede turnar en una ocasión de oro.

Porque detrás de esa sensación de inmensa soledad hay un mensaje muy importante, detrás de esa emoción displacentera e incómoda esta la oportunidad de regresar a nosotros y darnos cuenta de que estamos buscando afuera aquello que debemos cultivar desde adentro.

Cuando creamos una conexión genuina con nosotros mismos tenemos una mayor oportunidad de conectar con el otro.

Porque cuando somos capaces de vernos a nosotros mismos, de reconocer nuestras propias necesidades, mejor es nuestra capacidad de ver al otro y comprender sus necesidades también.

Y cuando digo ver, me refiero a, sin juicio alguno, escuchar, sentir, contemplar, incluir, respetar y cuidar, a uno mismo y por ende a nuestros pares.

Es imposible que demos algo que no tenemos o que desconocemos, si no hemos sido guiados para desarrollar el hábito de vernos, escucharnos y validarnos, difícilmente podremos ofrecerlo a alguien más.

La gran ventaja es que siempre estamos ante la posibilidad de trabajar la relación con nosotros mismos, que si bien nadie nos enseñó a hacerlo, cuando somos adultos podemos tomar la responsabilidad y hacernos cargo de ello.

Crear el hábito de conversar con uno mismo, y preguntarse ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? ¿Qué necesitas en este momento? ¿Qué puedo hacer por ti para que te sientas mejor? Y así, en ese intercambio, en esos minutos de magia, poder acercarte más a quién realmente eres, y de manera comprensiva y amorosa darte lo que requieres. ¿Quién mejor que tú para saber lo que hace falta? 

Porque mientras cultives la relación contigo mismo y reafirmes que siempre te tienes a ti, puedes estar seguro que el mundo entero ya te vió 😉

Ojalá que la próxima ves que los likes no sean suficientes, que las historias pasen de largo sin que esa persona las vea, cuando ese mensaje se quede en palomas azules y no haya eco de vuelta, ojalá que en ese momento no te cierres a la experiencia, no adormezcas lo que estás sientiendo y en cambio tomes tu tristeza, o tu soledad, o tu decepción o desamparo, y te sientes contigo mismo, no a reprocharte, no a interrogarte, sino a conversar para recordarte que "el primero que tiene que verse y aceptarse, eres tú" y nadie más. Porque TÚ eres tan real que mereces ser visto por ti mismo. 


3/25/2021

El mundo que habitas

Mi experiencia es tan vasta como las palabras lo permiten. A través de ellas construyo, bloque a bloque, pieza a pieza la estructura que le da sentido a mi experiencia.

Como un juego de construcción, vamos armando diferentes escenarios. Los apilamos y reorganizamos miles de veces para formar cosas distintas. Me gusta pensar que de mamera similar funciona nuestro lenguaje, cada bloque corresponde a una palabra y jugueteamos con ellas para hacer y deshacer nuestro mundo, pero tal como pasa en el juego, nuestra posibilidad de creación está limitada por el número de bloques que poseemos y muchas veces llegamos a creer, erróneamente, que los que tenemos y conocemos son los únicos que existen. Qué equivocada estaba.

No podemos "vivir" aquello que no tiene nombre, todo eso que aún no lleva un título permanece como un misterio oculto por descubrir, hasta que lo exploramos.

Sí, porque el lenguaje no solo se diferencia de país a país, continente a continente o cultura a cultura. En cada área del conocimiento, en cada vecindario, en cada grupo de pares, en cada profesión, oficio o hobbie, existen miles de mundos diferentes. Todos ellos conocen una versión de la realidad distinta, filtrada por la cantidad de palabras que dan forma a su campo, a su forma de pensar y adentrarnos a conocerles nos da la oportunidad de crear una nueva realidad.

Porque, retomando la analogía de los bloques, sería hilarante pensar que nuestra bolsa de bloques es la única que existe en todo el planeta, y aún más gracioso limitarnos a pensar que no podemos tomar de otras bolsas para mezclar e intentar combinaciones diferentes, jugar a inventar realidades inimaginables.

Y para mí, no fue hasta el momento en que noté esta analogía, que reparé en el hecho de que mi punto de vista sobre el mundo era muy reducido porque tenía algunos filtros que lo limitaban, aquellos factores que me fueron otorgados por el género, la edad, mi crianza y la cultura donde crecí, así como aquellos que yo había elegido, como mi circulo de amigos, mi profesión, los libros que leo, la música que escucho y toda la información que inconscientemente elijo consumir.

Cuando nos damos cuenta de esto, es imposible no desear ver qué hay más allá, de qué otras maneras, qué otros matices, qué me estoy perdiendo de la vida al no saberlo. Qué otros bloques, con sus formas, colores, texturas y carácteristicas únicas desconozco.

Debo confesar que durante los últimos años me sentí un tanto perdida, la experiencia del lenguaje es algo que se vive desde la mente y el inconsciente, y no le da mucha cabida al cuerpo. Cuando de pronto mi cuerpo ya no pudo más y reclamó atención, la situación misma me llevó a conocer un parte del mundo que jamás habría imaginado que existía y a dónde curiosamente sentí que pertenecía, la psicología.

A través del lenguaje y con las palabras correctas, construí un nuevo "lugar" donde mi cuerpo se sentía a salvo, donde todas las sensaciones, emociones y formas de reaccionar tenían nombre. Un espacio donde descubrí que no era algo que solo yo sentía, sino que había todo un colectivo en la misma sintonía.

Así que la próxima ves que te sientas perdido, probablemente sea porque lo estás; tal vez te encuentres como yo, habitando una versión del mundo a la que no perteneces más. O en otras palabras, tal vez estás aún tratando de hacer sentido a las piezas de tu set de bloques cuando ya no pertenecen a la etapa que estás viviendo, tal vez ya creciste (evolucionaste en tu proceso) y ese set simplemente no te sirve más.

Seguramente tu mente se quedó congelada en medio de lo desconocido y al no tener respuestas, y sentirse amenazada y en peligro, te ha orillado a seguir en piloto automático, desconectado de tus sensaciones para que así encajen sus explicaciones.

Pero, sabes? En este transitar de un mundo a otro, entendí que no porque el cerebro los desconozca significa que no existen. Aunque te haga dudarlo, aunque la explicación que te quiera dar es que tal vez te estás volviendo un poco loco, no le creas del todo. 

En su lugar, escucha un poco más a tu cuerpo, él siempre ha sabido lo que necesitas para sentirte mejor. Descansar un rato, tomar un baño, pasear al aire libre o correr descalzo. Deja la mente y habita tu cuerpo, una vez que estés ahí sabrás qué camino seguir.

¿La has notado? ¿Esa desconexión entre tu mente y tu cuerpo? ¿El sentirte extranjero en tus propios pensamientos? ¿El descubrirte ajeno en tu propio cuerpo? ¿Lo has sentido?

Las palabras crean la realidad que percibimos. Y todas aquellas que aún desconocemos son el equivalente a los mundos que aún están por ser descubiertos.

Tu "mundo" siempre será tan grande como las piezas de bloques que tengas te permitan crearlo. Por eso lee, escucha, escribe y aprendé sobre temas diversos y variados, para que amplies tu propia versión del mundo y en una de esas te encuentres con un nuevo set de bloques que te ayuden a crear ese mundo al cual tu mente y cuerpo pertenecen, por ahora 😉 ❤️


3/24/2021

Empieza hoy

Si ahorrará un peso por cada una de las veces que intenté hacer algo por primera vez y simplemente no lo hacía, tal vez ahora ya sería millonaria.

No, tal vez no, creo que exageré un poco. Pero el punto es claro, no fueron dos o tres sino cientos de miles de veces.

¿Te ha pasado? ¿Lo has notado?

No es sino hasta que prestamos atención plena, a lo que hacemos y dejamos de hacer, que las piezas de este rompecabezas llamado consciencia hacen sentido.

¿Qué nos lleva a desistir, a ni siquiera intentarlo? Creo que podemos llamarlo miedo, miedo al fracaso, miedo al rechazo, miedo a no ser suficientemente bueno, miedo a equivocarnos.

Y sí, a simple vista la respuesta es obvia, nuestro saboteador número uno es el miedo.

Pero, ya notaste que esa es su función, protegernos de peligros potentes y que la mente en su intento por salvaguardar nuestra integridad no hace más que enviar la alerta en respuesta al detonante.

Entonces, en lugar de huir del miedo, de fingir que no existe, de menospreciarlo, ignorarlo o bien culparlo por nuestros "fracasos", deberíamos sentarnos con él.

Tomarlo de la mano, invitarle a dar un paseo, charlar en un café. Preguntarle qué mensaje es tan urgente que no puede esperar, qué es tan importante que tuvo que hacerse presente justo cuando ya ibas por fin a empezar ese nuevo proyecto, cuando estabas a punto de iniciar algo nuevo, cuando estabas a nada de dar ese paso... ah, qué va!

Por qué habríamos de anticipar un fracaso, un rechazo o una equivocación, porque tenemos un punto de comparación. En nuestra mente siempre hay ese alguien que lo hace impecablemente, ese alguien que es mejor que nosotros, ese otro que es perfecto y que no se equivoca, y a su lado, parecemos lo peor.

Pero, ¿te cuento un secreto? 

Ven, acércate

Ese otro que vive en nuestra mente, solo vive ahí, yeii! 

Allá afuera en la realidad, solo hay personas como tú y como yo, que al igual sintieron miedo de empezar, de crear un camino distinto, pero cruzaron la línea, dieron el primer paso y no vieron mas atrás.

Así que empieza hoy, date el tiempo de recibir al miedo y conversar con él y entonces sí una vez que hiciste espacio, podrás dar cabida al optimismo, la ilusión y la pasión.

Porque aquello que habita en tu mente y corazón, detrás del miedo, merece nacer y crecer.

Así nace este espacio, así inicié hoy.

Sabiendo que no hay punto de comparación porque a pesar de las similitudes con otros, nuestras experiencias únicas de vida y la forma en que las percibimos hacen toda la diferencia.

Así que, empieza hoy :) porque nadie absolutamente nadie ha visto la vida como tú y por lo tanto, no hay punto de comparación ;)

¿Lo habías notado?