Desde levantarnos temprano, alistarnos y salir al mundo a desempeñar nuestras actividades diarias, llámese escuela o trabajo o bien quedarnos en casa y cuidar de nuestra familia hasta los pasatiempos que elegimos, los pequeños lujos que nos damos y las metas que nos trazamos. Más allá de buscar la simple respuesta de "pues porque tengo que hacerlo" "porque necesito dinero" o un "es lo que todos hacen", quisiera llevarlo a la reflexión profunda y a la introspección y quisiera hacerlo compartiéndoles mi experiencia con está incógnita de la vida.
Hace más de un año, en diciembre del 2015 decidí firmemente cerrar mi cuenta de Facebook y así fue, el 31 de diciembre del 2015 cerré de manera definitiva mi cuenta, de tal manera en que dejó de existir por siempre, y por un año, todo el 2016, me mantuve alejada de esta red social y sus implicaciones.
¿Qué fue lo que me llevó a tomar está decisión tan, aparentemente, drástica?
Pues resulta, que este sitio se había convertido para mí en ese aparador donde solo se exhibe lo mejor de lo mejor, los ideales de cada aspecto de la vida. Llena de viajes de ensueño, relaciones de pareja ideales, fiestas espectaculares, fotos perfectas y carreras académicas y profesionales exitosas, todas ellas aparecían día y noche a través del cristal, y del otro lado me preguntaba... ¿Cómo puedo ser yo también merecedora de ellas? ¿Cómo es que se ve tan fácil tenerlas pero en la realidad no veo el camino para lograrlo?
Llegué a un punto en donde el simple hecho de abrir la aplicación me causaba tristeza, angustia, esa sensación de estar atrasada, de ir en el último lugar de una competencia en la que nunca pedí participar. Y ciertamente este sentimiento era mío y de nadie más, no había culpables ajenos o externos más que mis propios pensamientos enjaulados en una idea que me fue muy difícil erradicar.
Y fue pues en ese año de aislamiento social-virtual, cuando una noche cualquiera caí en cuenta de algo muy importante : no se trata de lo que hacemos sino de aquello que esto nos hace sentir.
Desde emprender un negocio, salir de viaje, iniciar estudios, casarse, comprar un auto, hacer una fiesta, etc.
Todas ellas no dejan de ser experiencias, algunas más cortas, otras más largas, algunas más trascendentales que otras pero todas y cada una están ahí por una simple razón en común : porque nos permiten sentirnos plenos, realizados, felices.
Fue entonces cuando comprendí que mi vida no era tan diferente a aquellas donde solo me sentía espectadora, y comprendí que más allá de compartir o no los sucesos de mi vida diaria estaba el hecho de lo que me permitían sentir.
Y que sí a aquel amigo le hacía feliz irse de viaje cada mes, o si al conocido le llenaba de orgullo conducir un auto del año y a la vecina lucir su ropa de las mejores marcas y a mí no, era normal y eso estaba bien :)
Abrace la idea de amar cada aspecto de mi vida y hacer todo aquello que me hacía sentir bien, pero sobre todo aprendí que la felicidad es un recorrido único y personal y que compararlo con otros no lo hará ni más rápido ni más placentero y sí más doloroso y menos genuino.
Así que hagas lo que hagas, le tomes foto o no, lo publiques o no, solo asegúrate de que te haga sentir muy feliz :D
No hay comentarios.:
Publicar un comentario